"How beauteous mankind is! O brave new world, that has such people in't"Si bien fue La Tempestad de Shakespeare la inspiración de Huxley para el nombre de tan emblemática obra, Un Mundo Feliz, para mi seudónimo en este humilde intento de expresión lo ha sido esta misma maravilla literaria.
John the Savage, traducido por "John, el Salvaje" o, a veces, "el señor Salvaje", protagonista en la segunda parte de la novela, es la representación de la visión optimista de la sociedad, en oposición a Bernard Max, alguien marcado y ridiculizado por la sociedad debido a sus diferencias -tanto físicas como ideológicas-, que se convierte en un incomprendido pesimista y muestra resentimiento hacia aquellos que lo rechazan, añora la libertad que no conoce, representando también el deseo frustrado del hombre.
John, por otra parte, es alguien que el único conocimiento de la sociedad que ha tenido, antes de entrar en contacto con ella, son las obras de Shakespeare. Se muestra emocionado, es un idealista que representa la poca humanidad que, parece, queda en el mundo. Rechaza frontalmente los valores de la sociedad fordiana y reclama la vuelta a los signos que representan al ser humano. Se enfrenta a dichos valores, llama a la rebelión, al inconformismo. El desenlace no lo revelo por si usted, estimado lector, no ha disfrutado aún de tan beneficiosa lectura, y le animo a ello.
He elegido a John como mi firma y no a Bernard porque al igual que Huxley, en su revisión Nueva visita a un Mundo Feliz creo que la sociedad occidental contemporánea se acerca muy peligrosamente a una mezcla extraña entre este Mundo Feliz y 1984, de George Orwell. John representa la humanidad como cualidad del hombre, la esperanza y las ganas de parar el camino hacia una sociedad artificial, vacía, numérica, gobernada por clases políticas al margen de la misma, subyugadas a las élites financieras y grandes productoras. Una sociedad que viola todas las reglas de la lógica donde sólo importa la gran masa como factor de la operación financiera y no como objetivo, y la cultura y el arte como símbolos de lo que nos diferencia del Reino Animal van desapareciendo poco a poco. Donde el individuo se siente en innumerables ocasiones esclavizado, a la vez que excluido por el simple hecho de ser diferente, de no vestir con la lana sumisa de la oveja y querer ser libre.
Aprovecho para recomendar muy encarecidamente esta lectura, personal y profunda, no por la calidad estética del texto, ni por su novedad temática, sino por que es una obra capaz de explicar y hacer entender al lector un sentimiento indefinido que muchísima gente siente hoy día, y es también una bonita alegoría del mundo frío y virtualizado en el que parecemos adentrarnos poco a poco.
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