Cuando las flores que guían el camino se pierden entre el barro, el Sol se esconde asustado y la lluvia nos impide abrir del todo los ojos, avanzamos sabiendo el camino que escogimos, pero no hacia dónde nos llevan nuestros pies. Hay momentos -sobretodo cuando son éstas las circunstancias- en los que no nos encontramos con caminos alternativos, sino con bifurcaciones. Y pararse simplemente no es una opción: tenemos que tomar una decisión antes de llegar al último punto en común de ambos senderos, y, como hoy, está oscuro, lloviendo y no sabemos qué destinos aguardan estas rutas.
Quizás sabíamos que esto pasaría, quizás ni siquiera lo hemos visto venir, pero cada segundo acorta el tiempo que tenemos para decidir y eso es imparable.
¿Izquierda o derecha? Hay quienes lanzan una moneda al aire, hay quienes siguen las pisadas que dejaron otros, o los que aún en las difíciles condiciones sopesan todos y cada uno de los pros y contras con los datos que pueden obtener. Pero de todos ellos, sólo los que tienen Fe o a los que les da igual están exentos de la duda.
¿Es éste el camino correcto? ¿Me arrepentiré? ¿Fue el camino correcto? ¿Qué significa correcto? Lo que sí sabemos con seguridad es que no hay vuelta atrás y que, aunque quede muy bonito eso de no arrepentirse de nada, nos encontraremos más pronto que tarde con situaciones muy similares, y más nos valdrá para entonces haber aprendido de nuestros errores y aciertos, de nuestros pasos, porque, por si no lo sabéis, sienta muy mal saber que te has equivocado.