martes, 24 de mayo de 2016

La Ovinocracia

Tras la extinción de la Humanidad, llegó el Reino de las Ovejas. Eran muchas y de todos tipos, pero seguían ciegamente a unos perros viejos y dóciles, bien parecidos a los pastores afganos, que mandaban sobre las ovejas en favor de los lobos.

Los lobos eran pocos. Pero siempre estaban juntos, nunca discutían entre ellos y se ayudaban, aunque no se conocieran. Feroces, se repartían las ovejas que iban a devorar, tenían las mejores tierras, el agua más pura que descendía de la sierra y a los perros bajo su mando. Las ovejas, al mismo tiempo, creían ser defendidas por sus perros pastores. Al fin y al cabo, era el Reino de las Ovejas, ellas estaban seguras de tener el poder, pero sus compañeras devoradas por los lobos bien sabían que esto no era cierto: la ovinocracia era el sistema que todo lobo quería.

Llegó entonces la Revolución Ovina: ciertas ovejas descubrieron el engaño. Se cansaron de ser pastoreadas por perros inútiles y les plantaron cara. Convencieron a muchas otras para expulsar a unos canes que, en el fondo, ni pinchaban ni cortaban. Estas ovejas alcanzaron el poder y combatieron a la Manada Real.

Fueron devoradas ferozmente.